Piero llegó de muy chico a Banfield, creció en nuestras calles y aprendió a querer al Taladro desde la infancia.
Fue mascota del Club y llevó esos colores para siempre en el corazón, con los años se convirtió en una figura enorme de la música popular argentina, pero nunca olvidó su vínculo con el barrio: “Uno puede cambiar de todo, menos de equipo. Amo a mi querido Banfield”.
En 2011, su voz también quedó ligada a la historia del club al participar de una versión del Himno del Taladro.
Hoy despedimos con orgullo y emoción a alguien que, detrás del artista, siempre fue aquel chico de Banfield que nunca dejó de sentirse parte.
Gracias por tanto, Piero.
Banfield no te olvida.
Hasta siempre.
Abrazo de gol.

