La historia de Bernardo Romano es una muestra de perseverancia y amor por el deporte. El atleta, que quedó completamente ciego en 2005 a causa de una miopía degenerativa hereditaria, hoy es uno de los pocos corredores ciegos de ultradistancia de la Argentina y persigue un objetivo tan ambicioso como desafiante: clasificar al Spartathlon, la carrera más exigente del mundo.
Desde chico estuvo ligado al deporte. Practicó fútbol, handball, básquet y atletismo, e incluso se preparaba para correr una maratón cuando perdió la vista. Ese cambio abrupto lo obligó a reorganizar su vida y enfocarse en aprender a desenvolverse de manera independiente.
Años más tarde volvió a encontrarse con el running. En 2023 llegó al grupo Lazos Solidarios y descubrió que existían corredores guía. Allí comenzó a entrenar junto a Sandra Sánchez, profesora de educación física que lo acompaña en las competencias.
“Correr fue volver a nacer, es una libertad total. Todavía me asombro de lo que logro, no pienso parar”, aseguró Romano en una entrevista con Más Deporte Web. Con esfuerzo y dedicación, se convirtió en una referencia de las carreras de larga distancia para atletas con discapacidad visual. Su meta ahora está puesta en lograr la marca necesaria para ingresar al sorteo del Spartathlon, la histórica prueba que se disputa en Grecia.
Hace pocas semanas completó más de 140 kilómetros en una competencia de 24 horas en General Pico y ya apunta a un nuevo desafío: alcanzar los 180 kilómetros en un día para acercarse a su gran sueño. “Uno ve los resultados deportivos, pero lo cierto es que el esfuerzo está en el día a día”, reflexionó el corredor.

