lunes 13 abril, 2026

Un pedacito de Banfield en Bariloche

En el kilómetro 12,452 de la Avenida Bustillo, a orillas del lago Nahuel Huapi, funciona Pizzería Malal. Para muchos es una parada obligada entre paisajes patagónicos; para otros, especialmente para los banfileños, es mucho más que un restaurante: es un pedazo de barrio en el sur del país.

El local es atendido por Leo Russo y su familia, oriundos de Banfield, quienes se instalaron en Bariloche a mediados de la década del 90. Llegaron con ganas de trabajar, recetas familiares bajo el brazo y algo que no se aprende en ningún manual: el espíritu de barrio y el valor de la comunidad.

Con el paso de los años, Malal se transformó en un clásico para locales y turistas. La pizza, las empanadas y la atención cercana construyeron un espacio cálido, donde cada cliente es recibido como si fuera de la casa. Ese clima familiar es, quizás, el sello distintivo del lugar.

Para muchos banfileños que visitan Bariloche, Malal es una excusa perfecta para reencontrarse con sabores conocidos y charlas que inevitablemente terminan girando en torno al barrio, a sus calles, sus historias y sus afectos. Entre porciones de muzzarella y anécdotas compartidas, la distancia parece achicarse.

“Acá los esperamos siempre, a todos los que quieran venir a comer bien y pasar un buen momento”, dice Leo, con la misma calidez de barrio de siempre.

Porque Banfield no es solo un punto en el mapa: es una identidad que viaja, se adapta y florece también al pie de la cordillera. Y Malal es la prueba de que el sentido de pertenencia no se pierde con los kilómetros.

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